Como impacta la protección
de IP en tu sector.
Historias, casos de estudio y reflexiones para creativos que quieren dejar de entregar su trabajo sin protección.
El caso Pixar
Jobs compró Pixar por $5M. Disney la compró por $7,400M. La diferencia: registrar IP propia vs. hacer trabajo para otros.
Lo que Keith Haring sabía que Basquiat no
Keith Haring registró su obra compulsivamente. Basquiat no. Uno legó una fundación; el otro, una batalla legal que sigue abierta.
Donó sus fotos al mundo. Getty cobró por ellas.
Carol Highsmith donó 100,000 fotos a la Biblioteca del Congreso. Getty las indexó y empezó a cobrar. Ella recibió una factura por usar su propia obra.
La vendió por $900. El coleccionista ganó $85,000.
Rauschenberg confrontó a Scull en Sotheby's en 1973. Scull revendió su obra por 94× el precio. El artista no recibió nada. Ese momento detonó la primera ley de regalías de reventa en EE.UU.
Lo vendieron por $130. Valía miles de millones.
Siegel y Shuster vendieron Superman a DC Comics por $130 en 1938. Pasaron el resto de sus vidas en pobreza. El contraste: Schulz retuvo licencias de Snoopy y su estate vale $40M anuales.
Registró un color. Y el color es suyo.
Christian Louboutin registró Pantone 18-1663 TP como trademark de color en 1992. Después de décadas de litigios contra YSL, el tribunal lo confirmó. Un color. Registrado. Propio.
El director que cobró menos para ganar todo
George Lucas negoció un sueldo menor a cambio de retener el merchandising de Star Wars. La Fox aceptó. Disney pagó $4,050M por Lucasfilm en 2012.
Los derechos que nadie quería. Valían todo.
J.K. Rowling retuvo los derechos digitales de Harry Potter porque nadie los pedía. Esa decisión la convirtió en la primera autora billonaria de la historia.
No patentó un edificio. Patentó cómo lo hace posible.
Santiago Calatrava patenta las soluciones estructurales detrás de sus formas. Cuando otros constructores usan sus principios, pagan licencias.
Nunca fue vendido. Nunca fue comprado.
Pentagram es el estudio de diseño más influyente del mundo y nunca fue vendido ni adquirido. Los socios son propietarios. Ningún holding toca su IP.
Grabó las voces del mundo. El archivo es el activo.
Moses Asch fundó Folkways Records en 1948 para registrar masters de música folclórica e indígena. Hoy el Smithsonian gestiona ese catálogo de 40,000 temas bajo licencia.
5,127 prototipos. 15 años. Y casi lo pierde por mostrarlo.
James Dyson mostró su aspiradora ciclónica a Hoover sin tener la patente completa. Hoover copió. Dyson demandó y ganó — pero el proceso casi destruyó su empresa recién nacida.
El estudio que se negó a vender sus películas
A24 retuvo IP sobre cada película que produce. Moonlight, Everything Everywhere — A24 los posee. Valuada en $2,500M sobre la base de su catálogo.
Cada noche que corre Phantom, Lloyd Webber cobra.
Andrew Lloyd Webber fundó Really Useful Group en 1977 para retener IP sobre sus obras. Phantom lleva más de 35 años en cartelera. Cada noche: regalías. Para siempre.
Sus masters se vendieron sin avisarle. Los re-grabó.
Taylor Swift perdió la propiedad de sus primeros seis álbumes cuando su sello los vendió sin su consentimiento. Su respuesta: re-grabarlos todos.